- Ingresos millonarios, despidos masivos, concentración de poder y nuevas oportunidades tecnológicas dibujan un sector que ya es clave en la economía digital, pero que aún busca su equilibrio.
- Según el último Anuario de AEVI, la industria en España mueve más de 2.200 millones y une a 23 millones de jugadores.
La industria global del videojuego se ha consolidado en la última década como uno de los grandes motores de la economía digital. Entre 2017 y 2021, los ingresos del sector pasaron de 131.000 a 211.000 millones de dólares, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 13%, impulsada por la expansión del móvil, el auge del free-to-play y el confinamiento durante la pandemia.
Ese ciclo de crecimiento acelerado colocó al gaming por encima de otras industrias culturales tradicionales y atrajo una avalancha de inversión, talento y expectativas. Por ejemplo, en España la industria mueve más de 2.200 millones de euros y une a 23 millones de jugadores, es decir casi la mitad de la población española está vinculada al videojuego (47,5%).
Tras el pico pandémico, el mercado ha entrado en una fase de maduración mucho más compleja. En 2024, las estimaciones de ingresos globales se sitúan en una horquilla que va de los 182.700 a los 187.700 millones de dólares, según diferentes fuentes de análisis de mercado.
El dato clave no es solo la cifra absoluta, sino el frenazo: el crecimiento interanual se ha movido entre el 0,2% y el 3,2%, muy por debajo de las previsiones iniciales y lejos de los años de doble dígito. El sector ya no es una historia de expansión ilimitada, sino un negocio enorme que empieza a comportarse como una industria madura.
La composición interna del mercado explica parte de esta transición. El móvil concentra aproximadamente la mitad de los ingresos globales, con en torno a 92.500–100.300 millones de dólares en 2024, y es el único segmento que sigue creciendo de forma consistente (entre un 2,8% y un 5,5% interanual). La consola, en cambio, ha sufrido caídas de alrededor del 2,5–4%, mientras que el PC se mantiene prácticamente plano o con ligeros repuntes.
A pesar de este frenazo coyuntural, las perspectivas estructurales siguen siendo optimistas. Algunos informes de mercado sitúan el tamaño del sector del videojuego con una proyección que podría alcanzar los 600.740 millones en 2030, con una tasa de crecimiento anual del 12,2% entre 2025 y 2030.
Estas previsiones se apoyan en varios vectores: la expansión de experiencias inmersivas, la integración del gaming en educación y redes sociales, la consolidación de modelos de suscripción y cloud gaming, y la entrada de nuevas geografías y demografías.
En términos geográficos, el peso del mercado se concentra de forma clara en Asia-Pacífico, que genera alrededor del 47% de los ingresos globales, seguida de Norteamérica con un 28%. Europa, Latinoamérica y Oriente Medio y África completan el mapa, con crecimientos desiguales pero con un denominador común: el videojuego se ha convertido en una infraestructura cultural y económica transversal, que atraviesa edades, géneros y niveles de renta.
El lado oscuro de esta historia de éxito está en el empleo. Tras años de contrataciones masivas durante el boom pandémico, la industria ha vivido una ola de despidos sin precedentes. Se estima que durante 2023 y 2024 se perdieron más de 25.000 empleos. Grandes compañías como Microsoft, Sony, Electronic Arts, Ubisoft o Embracer han anunciado recortes significativos, y estudios históricos han cerrado sus puertas tras cancelaciones de proyectos y reestructuraciones internas.
Los datos de S&P Global confirman esta contracción: en 2024, las empresas analizadas redujeron su plantilla en un 2%, la primera caída desde 2010, después de haber inflado sus equipos en 2020 y 2021 aprovechando tipos de interés bajos y un mercado en expansión.
Paradójicamente, mientras se destruye empleo, la demanda de talento especializado no deja de crecer. Informes sobre el mercado laboral del gaming señalan una fuerte necesidad de perfiles en programación, diseño de juego, arte 3D, data science, monetización, IA, realidad virtual y aumentada, así como gestión de comunidades y esports. La brecha entre las competencias que ofrece el mercado laboral y las que necesita la industria se ensancha, y la solución pasa por estrategias de reskilling y upskilling: formar a profesionales en nuevas herramientas, motores, pipelines y modelos de negocio.
En paralelo, el gaming se está integrando en otros sectores económicos. La gamificación entra en educación, salud, formación corporativa y marketing; las tecnologías de tiempo real y motores gráficos se utilizan en cine, arquitectura y automoción; y los esports se consolidan como un vertical propio, con ligas, patrocinios y derechos audiovisuales que replican lógicas del deporte tradicional.
El poder de los eventos presenciales
En un mundo cada vez más conectado, los eventos presenciales como GAMERGY siguen siendo esenciales para la industria del gaming. Desde su nacimiento en España, GGTech Entertainment la empresa organizadora, ha expandido GAMERGY por el mundo con más de 20 ediciones exitosas en países como México, Argentina, Estados Unidos, Egipto, Panamá o El Salvador. Los eventos presenciales son una pieza clave en la estrategia de engagement de marcas, publishers y desarrolladores.
Mirando hacia adelante, la clave no será solo cuánto crece el mercado, sino cómo se reparte ese crecimiento. La concentración de poder en unas pocas plataformas, la presión por la rentabilidad a corto plazo y la automatización impulsada por la IA pueden tensionar aún más el empleo y la diversidad creativa. Al mismo tiempo, la bajada de barreras tecnológicas, las herramientas accesibles y la distribución digital siguen abriendo espacio para nuevos estudios, modelos cooperativos y proyectos desde geografías tradicionalmente periféricas.
La industria del videojuego se encuentra, en definitiva, en un punto de inflexión económico: ha dejado de ser una promesa para convertirse en una infraestructura central de la economía digital, pero todavía está negociando qué tipo de empleo genera, qué riesgos asume y quién captura el valor. Para los gobiernos, las empresas y los profesionales, entender estos datos no es solo una cuestión de curiosidad: es una guía para decidir dónde invertir, qué talento formar y qué papel quiere jugar cada territorio en el mapa global del gaming.
